BLANCOS ESPAÑOLES DE CLASE ALTA

 

 viernes, 6 de mayo de 2016

 
 

 

EL PODER Y LA GLORIA


La cata del pasado día 5 de mayo en Enoteca Barolo despejó todo tipo de dudas sobre la altura cualitativa que pueden alcanzar los blancos en España. El abanico de añadas (desde la reciente 2014 a la ya mítica de 1994) y la diferencia de zonas (del Mediterráneo al Atlántico), así como las distintas formas de elaboración y gama de uvas empleadas, sin dejar de tener en cuenta las intenciones y los modelos de cada uno de los planteamientos vitícolas y enológicos, nos hablan de un panorama tan rico como interesante.    


Esta realidad no es exactamente nueva. Desde diversos medios, y desde hace algunos años, se viene insistiendo en este gran salto cualitativo que tiene que ver con opciones varietales bien ejecutadas como es el caso de aquellos chardonnays de décadas pasadas que abrieron el camino a la excelencia. Hablamos de vinos como Colección 125 de Chivite o el Milmanda de Torres, por citar sólo dos ejemplos importantes y reveladores en la medida en que se tomaron muy en serio elaborar según el método borgoñón o, lo que es lo mismo, otorgándole a la barrica el máximo protagonismo durante la fermentación y durante la crianza con el correspondiente (y he aquí uno de los aspectos cruciales) removido de las lías. 

Sin duda las lías, su adecuado manejo, representan una de las conquistas clave de este proceso de calidad. El adjetivo "finas" aplicado a estos residuos fermentativos ya no es ninguna exageración. Se trata de lías que nos hablan de una materia prima excepcional (uvas mimadas racimo a racimo), lo que se expresa tanto si la madera participa en la elaboración como si está ausente. 

Madera sí o madera no: he aquí el dilema. En un tiempo en el que se aprecia un rechazo cada vez más evidente de los excesos del roble, y en especial del roble nuevo, algunas bodegas optan por caminos intermedios. Blancos españoles de alta calidad reducen el porcentaje de la madera nueva en favor de la usada para hacer el vino más bebible desde un primer momento. 

Otros, en cambio, fieles a sus convicciones, no se apuntan al Fuenteovejuna todas a una y siguen su camino libres de la presión de las modas, lo que no deja de tener su mérito. Es el caso de Benjamín Romeo y su Qué bonito cacareaba 2014, elaborado con barrica 100 % roble francés nuevo. En el extremo opuesto, y como ejemplo modélico de tratamiento de la delicada albariño, Fefiñanes III Año confía en la combinación de acero inoxidable, lías y envejecimiento en botella para lograr una cima de finura importante y capaz de codearse con los poderosos fermentados en barrica. Y hasta con un inclasificable y excepcional Tondonia Gran Reserva 1994.   

He aquí un breve comentario sobre los vinos de la cata:


Qué bonito cacareaba 2014. Vinos de Benjamín Romeo. D.O.Ca. Rioja. Cepas seleccionadas casi con lupa, procedentes de 19 fincas de San Vicente, Leza y Briones, que producen 1 kilo aproximado de media. Suelos arcillo-calcáreos en su mayoría. Fermentación en barrica nueva de roble francés, con 8 meses de crianza y batonage semanal hasta el 15 de junio de 2015. Blanco de añada madura, lo que significa que podrá tomarse antes de lo habitual. En este momento, presenta una nariz finísima, más delicada que potente aunque con un importante fondo por desarrollarse. Predominio de aromas balsámicos. En boca se muestra enorme, con el peso de la garnacha blanca ejerciendo el protagonismo. Masticable pero sin olvidarse de la elegancia. Menos de siete mil botellas. Disfrutable ya. Los años lo harán grande. 



Ossian Capitel 2013. Ossian Vides y Vinos. Vino de la Tierra de Castilla y León. En su línea carnosa, rotunda, salvaje. 2013 no fue una añada fácil y la irregularidad en la maduración obligó a una vendimia selectiva. El resultado es un vino con un potencial de envejecimiento impredeciblemente alto. Gran nariz de tono balsámico con rasgos florales y frutales contribuyendo a una intensidad media-alta. Adecuada participación de la madera (sólo 50% nuevas) que soporta bien la estructura sin expresarse de manera excesiva. Toques aromáticos de sándalo. Acusadas notas de terruño (hojas secas). 


Albariño de Fefiñanes III Año 2012. Bodegas del Palacio de Fefiñanes. D.O. Rías BaixasUn valle del Salnés modélico. No ha visto la madera en ningún momento de su elaboración, pero esto no le impide codearse con fermentados en barrica en teoría más poderosos que él. En la práctica, el gran vino de Fefiñanes seduce por la elegancia. Excelente presencia de las lías, que aportan la untuosidad justa. Buena acidez a pesar de que la cosecha resultó un tanto cálida. Está para beber ya. Delicioso con pescados a la sal. 


El Rocallís 2011. Can Ràfols dels Caus. D.O. Penedès.

Los viñedos del macizo de El Garraf, los mejores del Penedès, son un tesoro si se trabajan con criterios de calidad. Lo saben bien los aficionados a los vinos de Carlos Esteva, quien dirige las riendas de Can Ràfols desde 1979. En concreto, El Rocallís procede de viñas de suelos predegosos (arcilla, materia calcárea) orientados al sur, de una variedad, la incroccio Manzoni, que es un cruce de riesling y pinot blanc. 40 días de fermentación y una medida crianza en roble de unos cuatro meses permiten que este delicado varietal se exprese recogiendo un trocito de mediterráneo. Sin duda, uno de los blancos más originales.


Clos d´Agon 2010. D.O. Catalunya

Bajo la supervisión de Peter Sisseck y la dirección técnica de Miguel Coronado. El tiempo va aportándole una complejidad deliciosa a este blanco del viñedo de Les Gavarres, en Gerona. Puro ródano varietal, con roussanne (45%), viognier (30%) y marsanne (25%) fermentadas tanto en acero inoxidable como en barrica (70 y 30% respectivamente) y criadas durante 7 meses. Deliciosas notas balsámicas que se prolongan por la vía retronasal. De cuerpo medio, posee un tacto untuoso y convenientemente graso. Bien contrapunteado con la acidez. Está en un momento de consumo ideal. 


Viña Tondonia Blanco Gran Reserva 1994. D.O.Ca. Rioja.

Sencillamente prodigioso. Intensidad aromática poderosísima, repleta de matices: toques de frutos secos, frutas de hueso, ecos de sándalo y otras maderas nobles (eucalipto), especias, bálsamos y hierbas aromáticas (monte bajo). Testimonio de una crianza tradicional que, tras un tiempo injustamente dejada de lado en nuestro país, despierta la atracción de los consumidores más aficionados a la vanguardia. Diez años de crianza en barrica, por supuesto de roble usado, y una larga estancia en botella explican parte del milagro. Gustosísimo en boca: pura sequedad convertida en elegancia. Interminable por vía retronasal, con envolventes toques balsámicos.