PRIORATO NOS DA LECCIONES

 

 sábado, 6 de febrero de 2016

 
 

LECTURA DE UNA CATA FASCINANTE


La cata de tintos del Priorato del mes pasado, con la Enoteca llena hasta la bandera, nos dejó lecciones importantes, un buen puñado de sorpresas y algunas preguntas que tal vez sea pronto para responder.

     Hay que comenzar aclarando que, en este momento, Priorato es una zona vinícola en proceso de transformación. Algo así como un barco moviéndose en busca de un puerto donde detenerse.

     Quien de verdad aspire a saber lo que está ocurriendo actualmente allí debe, además de probar tantos vinos cuanto pueda, olvidarse de tópicos y alejarse de lugares comunes.

     La ecuación Priorato es igual a potencia, tan fomentada por tierra, mar y aire desde finales de los ochenta, hoy no está nada clara. ¿Finca Dofí 2013 un vino potente? Algunos asistentes a la cata no podían creérselo. El Dofí que estaban tomando no se parecía en nada a aquel Dofí de hace años que privilegiaba la contundencia y la solidez olvidándose de otras aspiraciones. 2013 –añada especialmente feliz para Álvaro Palacios: su Ermita obtuvo 100 Parker- parecía una caricia al tacto. Un tinto larguísimo con un frescor teóricamente impropio de una región tan calurosa como es el Priorato.

     Teóricamente. Porque en la práctica, y habiéndose desprendido de cabernet, syrah y merlot (aquí está parte de la clave), Dofí es un tinto admirablemente compensado en su relación de acidez y alcohol. Un tinto de peso medido, varietal de garnacha con un pellizco de cariñena.

     El retroceso de las hace tiempo llamadas variedades foráneas no es absoluto en el Priorato. La participación de estas uvas resulta primordial en Clos Mogador, donde René Barbier maneja una noción de terroir en movimiento. Barbier lo plantea de la siguiente forma: esas uvas francesas, plantadas hace décadas, cuando todo empezó, son ya parte indisoluble del territorio. El terroir Mogador no puede entenderse sin ellas. El reto del elaborador consiste en convertir a esas uvas en transmisoras de los valores de la tierra. He aquí otra parte de la clave. Clos Mogador 2013 es un trozo de Mediterráneo convertido en vino. Sólo comprobando la etiqueta, uno sabe que está hecho con garnacha y cariñena pero también con cabernet y syrah. En realidad, lo que sucede es que uno se olvida de las variedades ante este tacto aterciopelado que deja al paso aromas de plantas aromáticas y toques delicadísimos de frutillas, pura expresión de un viñedo trabajado a conciencia, donde la vegetación crece generosamente entre las viñas y los insectos vuelan por todas partes, convencido el elaborador de que cuanta más vida se genere en su viñedo más riqueza y complejidad beneficiará a las uvas.

     Junto a estas casi dos caricias, Martinet persiste en la rotundidad que ha hecho famosa a la zona y le ha dado tantas alegrías en mercados como el estadounidense, argumento que no deja de recordar René Barbier con toda la razón del mundo. Un año más viejo que Dofí y Mogador, la definición de Martinet se mantiene fiel al carácter de la casa. Tinto estructurado, firme, contundente, con abundancia de taninos y esa calidez típica y reconocible de la zona. Una línea, un estilo, al que con claridad se adhiere Ferrer Bobet Vinyes Velles 2012, y a su modo y en su circunstancia (¡2007!), Cims de Porrera Garnacha, maduro y vivo, dispuesto todavía a agradar a quienes gustan de los vinos en los que se aprecia la crianza en botella.       

     La categoría Vi de Vila, inspirada en los “village” borgoñones, aprobada tras mucha batalla burocrática y más guerra interna de la que pueda sospecharse (pequeños contra grandes, particulares contra cooperativas), estuvo representado por un Torroja de Terroir Al Limit 2013, un tanto cerrado en un primer momento, lo que permitió debatir sobre cierto carácter cerrado que presentan los tintos elaborados con cariñena, y brillante y expresivo algunas horas después de finalizada la degustación.

     Será el tiempo el que acabe juzgando el acierto o no de este proceso de transformación. Ningún cambio es gratuito. La apuesta por el radicalismo varietal autóctono (garnacha, cariñena) devuelve a la palestra mediática del vino una pregunta que no ha dejado de sobrevolar los dominios de Scala Dei. ¿Tienen capacidad real para envejecer los prioratos? ¿Despejarán todas las dudas acerca de su durabilidad ahora que la garnacha y la cariñena tienen mayor protagonismo? Preguntas que nos obligan, como poco, a seguir abriendo prioratos y que afirman a esta región de suelos pobres y viticultura difícil entre las más sugerentes del futuro.




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